La investidura: 13 píldoras y una conclusión.

Alguien puede entender de vinos, fútbol, astrofísica o historia del pueblo lapón, sacar su tema e incluso lucirse, porque se le nota que controla. Sin embargo, ¿de qué sabe alguien que entiende de política? Desde el candor de esta duda y confesando mi hastío con las informaciones y declaraciones que, alrededor de la investidura del próximo presidente del Gobierno, nos saturan desde hace meses, quiero plantear 13 píldoras reflexivas sobre el momento que vive la política nacional. A ello voy:

1. Ser el partido más votado en las elecciones, con notable diferencia de escaños sobre el siguiente, confiere al PP y a su líder, Mariano Rajoy, la responsabilidad de intentar conseguir la investidura y una posterior formación de gobierno.

2. El ejercicio de dicha responsabilidad se concreta en la negociación con otros partidos, en orden a alcanzar acuerdos que permitan sumar votos suficientes para conseguir el objetivo perseguido de ser investido Presidente del Gobierno.

3. La dificultad que entraña tal responsabilidad es directamente proporcional al número de escaños que faltan al partido ganador de la mayoría absoluta o, al menos, del número de votos necesario para sacar adelante la investidura. Si el PP hubiera obtenido 174 escaños, tan solo habría tenido que negociar el apoyo de un par de diputados más para garantizarse una plácida votación y posterior formación de gobierno.

4. Cuando la empresa a la que uno se enfrenta es sencilla, la consecución del éxito no requiere gran esfuerzo o sacrificio. En el ejemplo de los 174 diputados, no habría resultado extremadamente laborioso hacerse con el respaldo de ese par de escaños adicionales. Y, sobre todo, a buen seguro, no habrían resultado sacrificados demasiados postulados del programa electoral propio. El precio habría sido barato.

5. Cuando el reto es complicado, solo puede abordarse desde la convicción de que es imprescindible un gran esfuerzo y, muy probablemente un importante sacrificio. Diría que es el caso actual del PP, con 137 escaños. Parecía pues, lógico y razonable, esperar que Mariano Rajoy, consciente de todo ello, se hubiera dispuesto a afrontar un arduo y complicado proceso de negociación.

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6. Para afrontar esta negociación, y como consecuencia de lo afirmado, el líder del PP debería tener en consideración dos premisas: la diversidad de partenaires posibles para alcanzar la cifra mágica (opciones diversas, por tanto) y la necesidad de un planteamiento muy dúctil y flexible respecto a su propio programa electoral, pues, en este caso, tiene que “comprar” más y, por tanto, el precio no es barato.

7. El resto de partidos políticos, especialmente PSOE y Podemos —que sí podrían haber ahorrado a Rajoy el trance de intentar siquiera nada— dirán públicamente lo que quieran, pero han demostrado su incapacidad o su total ausencia de voluntad para alcanzar un acuerdo alternativo entre ellos mismos. Por ello, me permito excluirlos de esta reflexión.

8. Defiendo la validez del símil negociación política – compraventa, para este caso. Do ut des. Si Rajoy quiere algo, tiene que dar algo. Él, y solo él, tiene lo que pueden llegar a querer los vendedores que guardan celosos el producto añorado por el PP: el sentido de sus votos en la investidura. Entra en funcionamiento el juego de la oferta y la demanda, que acaba fijando el precio.

9. Cuando alguien quiere comprar, y más si lo hace por necesidad, asume la responsabilidad del proceso a seguir para que la operación llegue a buen puerto. Eso incluye seducir al potencial vendedor, primero para que negocie y luego para alcanzar un acuerdo de compraventa con él (lo de “¡es que no quiere ni sentarse a negociar!” no solo no es de recibo, sino que mueve a la risa y más si hablamos de política).

10. Desconozco si Rajoy y el PP han salido con la bolsa a comprar lo que necesitan (y lo de la bolsa es una metáfora blanca, no se me revolucionen, a pesar de haber motivos sobrados para ello), pero uno tiene la sensación de que, si lo ha hecho en verdad, pretende gastar muy poco o incluso intenta que le regalen el producto que busca.

11. Mariano Rajoy, líder del PP, el llamado a intentar la investidura, el líder del partido más votado, el que botaba la noche electoral celebrando su triunfo, tiene la obligación de dejarse la piel en el intento negociador. Solo podrá eludir su responsabilidad cuando demuestre que los vendedores le piden un precio superior a lo que lleva en su bolsa o un precio que él no está dispuesto a pagar. Y en ambos casos deberá explicar públicamente que no tiene tanto dinero o por qué no quiere pagar el que le piden.

GRA797. MADRID, 26/06/2016.- El presidente del Gobierno en funciones y líder del PP, Mariano Rajoy (2i), junto a su mujer Elvira Fernández (i), la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal (d), la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes (2d), y el jefe de Gabinete del presidente, Jorge Moragas (d), durante su comparecencia ante los simpatizantes en el exterior de la sede del partido, en la madrileña calle Génova, tras conocer los resultados de las elecciones generales del 26J. EFE/Javier Lizón

12. PP (137) + Ciudadanos (32) + PNV (5) + Coalición Canaria (1) = 175. Es el centro derecha de la cámara, ¿no? ¿No habrá suficiente “Do” para que haya el necesario “Des” ahí? ¡Ja!

13.- No es fácil olvidar la imagen de un PP soberbio y altanero en su mayoría absoluta de cuatro años pasados, ajeno a contestaciones y protestas sociales y poco amigo de negociaciones y acuerdos políticos que no sentía necesitar y cuya bondad o conveniencia no valoraba en absoluto. No debe ser fácil el cambio de chip.

Conclusión: Es difícil aceptar algunos planteamientos del debate acerca de la responsabilidad sobre unas eventuales terceras elecciones. Resulta vergonzoso el intento de desplazar la responsabilidad principal del sainete hacia terceros actores. Perplejidad provocan las apelaciones para ello a un cacareado sentido de Estado, que, según parece, afecta al resto de partidos, que no al PP. Pero, claro, en el fondo todo esto se entremezcla con los intereses ocultos existentes en algunos partidos políticos y las batallas ajenas al interés público que se están dilucidando al socaire de la investidura. Me parece todo una auténtica vergüenza, que califica a aquellos políticos y medios de comunicación que protagonizan y participan en y de tan lamentable espectáculo.

Por favor, que no sigan intentando engañarnos y que cada quien asuma la responsabilidad que realmente le corresponde en este juego democrático. Intenten, siquiera por una vez, estar a la altura de su habitual retórica. De lo contrario, la sociedad española a la que tendrían que representar, continuará pagando su mediocridad y esto es algo que, difícilmente, les podremos perdonar.

5.8.16

La responsabilidad del PSOE. Entre el 20-D y el 26-J.

Sería curioso el resultado de sumar las horas de tertulias televisivas y radiofónicas que, desde la noche del 20 de diciembre pasado, se han ocupado en aventurar, predecir y pronosticar el futuro del próximo gobierno de España. A lo largo de estos meses, decenas de tertulianos, analistas, periodistas, políticos y expertos de toda índole y adscripción se han devanado los sesos en la  tarea de ilustrar y mantener entretenida a la ciudadanía,  ejercitando el arte de la hermenéutica, en relación a los movimientos de los partidos políticos partícipes, por activa o por pasiva, en el proceso de negociación para alcanzar un acuerdo que les permitiera formar gobierno.

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En tal sentido, los protagonistas no han escatimado esfuerzos a la hora de suministrar abundante y variopinto material susceptible de interpretación, facilitando con ello las idas y venidas entre variables y opciones posibles que, cual espejismos intermitentes, tan pronto se daban casi por reales y ciertos, como se esfumaban sin motivo, perdiéndose en el limbo de las quimeras.

Llevamos semanas esclavizados por el abuso de la especulación; con nuestra realidad cotidiana colonizada por suposiciones y acertijos. Un gesto, una palabra, una actitud, una mirada casi, de nuestros líderes políticos han sido elementos suficientes para despertar la voracidad de opinadores profesionales y diletantes a la hora de hacer cábalas, en no pocas ocasiones interesadas y/o voluntaristas, acerca de la marcha y el resultado de las negociaciones o de la ausencia de éstas.

Al final, parece que en la ciudadanía ha quedado como poso una sensación, si no de cansancio y saturación (esto lo veremos en el índice de abstención, si es que se repiten definitivamente los comicios), sí de estar ante una situación de extraordinaria complejidad. Como si esto de alcanzar acuerdos importantes entre partidos políticos fuera un asunto que exigiera, unas dosis fuera de lo común de voluntad, esfuerzo e incluso fortuna, con las que abordar una tarea titánica semejante a la cuadratura del círculo.

Sin embargo, no comparto esta visión que da por buena la complejidad del proceso de conformación de un nuevo gobierno. Y apuesto por un planteamiento tan sencillo como comprensible, a riesgo de ser tildado de iluso o simple.

Parto de la premisa según la cual, el PSOE es el único partido que tiene ante sí varias opciones entre las cuáles elegir, en orden a liderar el intento de formar gobierno. Y ello porque el PP solo tiene la opción de alcanzar un acuerdo con el PSOE, con o sin la inclusión de Ciudadanos en el mismo paquete. Es la llamada “gran coalición”, suponga ello la participación del PSOE en el gobierno, un pacto que sustente un gobierno monocolor del PP o simplemente la abstención en la investidura. Pero esa opción solo tiene una puerta: la del acuerdo con el Partido Socialista. No hay más.

Por contra, los socialistas tienen dos caminos diferentes a seguir, con una tercera opción añadida: pactar con su derecha, pactar con su izquierda o no hacerlo con ninguna de las dos. A la derecha, Ciudadanos y el Partido Popular; y dan los números. Y a la izquierda, Podemos y otros grupos del ámbito de la izquierda y el nacionalismo periférico; y también salen las cuentas.

Disculpen que no me entretenga en divagaciones sobre matices y aritméticas varias, pero, ¿qué quieren?, yo lo veo así de simple. “Dos escrituras a elegir: Bic naranja, Bic cristal”.  El PSOE tiene en su mano elegir entre ambas opciones. Una posibilidad que ya tuvo desde la misma noche electoral, al confirmarse los resultados definitivos. Sin embargo, hete aquí que Pedro Sánchez eligió una alternativa diferente, que yo no he contemplado en mi planteamiento, por considerarla un lío imposible, aunque en pura teoría, ciertamente constituyera otra opción. Se marcó como objetivo llegar a un acuerdo a derecha y a izquierda, al mismo tiempo, colocándose él como el fiel de la balanza, imagen centrada y moderada, a modo de escudo protector contra las eventuales críticas que pudieran surgirle por pactar con unos o con otros.

Que a mí me pareciera inviable no significa, claro está, que no lo fuera, pero los hechos han venido a confirmar su condición utópica y lo cierto es que ahora mismo se ha revelado imposible el pacto del PSOE con Ciudadanos y Podemos.

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Y en este punto surge inevitable la pregunta: ¿Implica este fracaso que estamos abocados a celebrara unas nuevas elecciones? Pues a mi juicio, no. Es más, creo que, cual flores en primavera, ante los socialistas se abren de nuevo, con más fuerza incluso que antes, las dos opciones señaladas. Constatada la inviabilidad del pacto con derecha e izquierda a la vez, toca elegir: o los unos o los otros.

A buen seguro que este emplazamiento resuena con fuerza en los oídos de los socialistas, porque no es verdad que no haya solución al galimatías en el que nos encontramos y que estemos irremediablemente condenados a pasar de nuevo por las urnas. Ahí están, vírgenes, las dos vías indicadas. Cabe, claro está, que el PSOE no quiera decantarse por ninguna de las dos y que desista de su intento por formar gobierno a partir de alguna de ellas, pero eso, amigos, es también una elección; y esa elección también corresponde a Pedro Sánchez y a su partido.

GRA094. MADRID, 01/09/2014.- El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa posterior a la reunión de la Ejecutiva socialista, donde ha anunciado que propondrá al Comité Federal que las primarias para elegir al candidato para las elecciones generales se celebren tras los comicios municipales y autonómicos, en julio del próximo año. EFE/Emilio Naranjo

Lo cruel del resultado electoral del 20-D para el PSOE no fue marcar el nivel mínimo de apoyo electoral obtenido en unas elecciones generales desde el advenimiento de la democracia, sino la diabólica situación en la que los números le colocaron, al ser el único partido que puede y tiene que decidir entre varias opciones y, por tanto, el que mayor responsabilidad tiene en el resultado final de todo el proceso.

Así pues, que haya gran coalición, gobierno de izquierdas o nuevas elecciones, depende, en su mayor y más compleja medida, del Partidos Socialista Obrero Español. De cómo ejerza esta enorme responsabilidad, puede derivarse que salga fortalecido del trance o que avance aún más por ese camino cuyo punto final es la irrelevancia política en la izquierda.

Y todo lo demás, a  mayor gloria de una fatigada ciudadanía, no será sino una reiterada y aburrida pirotecnia.

12.4.16